Kínder

“El mundo es bueno”
(0 a 7 años)
En el primer septenio, el énfasis está en el aprendizaje a través de la imitación y la experiencia directa. El niño aprende del entorno, de los gestos y del ritmo de la vida cotidiana; por eso, el encuentro con sus pares, el movimiento, el juego libre, las diferentes experiencias sensoriales en actividades manuales y el contacto con la naturaleza son fundamentales.
Rayén
Rayén es un espacio cálido, seguro y bello, que ofrece una atmósfera ideal para desenvolverse con libertad. Su funcionamiento se asemeja al de una casa, donde se vivencian experiencias reales y cotidianas que dan sentido al día a día.
La rutina comienza por la mañana, recibiendo a los niños con alegría y calma, y realizando juntos diversas labores. Luego, el juego libre les permite aprender y comprender la vida. El contacto con la naturaleza y el movimiento libre se vivencian en el paseo diario, aprovechando el entorno idóneo del jardín.
Los niños aprenden a través de la imitación, por lo que el adulto es activo en el hacer diario y cuida su trabajo interior, confiando en que la coherencia interna permite que los niños imiten con admiración y respeto. También cuidamos el ritmo anual, semanal y diario, acompañados por los arcángeles, la comida de cada día, los cuentos, canciones, actividades de patio, huerto y salón. Las festividades marcan el ritmo anual y se preparan con dedicación y belleza.
Finalmente, un espacio rico para la comunidad sostiene nuestro proyecto. Cada familia aporta algo valioso, por lo que buscamos encuentros mensuales y mantenemos una casa abierta para padres y madres, construyendo una relación estrecha basada en el respeto, la confianza y el amor.
Básica

“El mundo es bello”
(7 a 14 años)
En el segundo septenio, el niño desarrolla una riqueza en su mundo interior, adquiere una nueva vida de imaginación y aparecen fuerzas disponibles para el aprendizaje formal. Los ritmos y hábitos son fundamentales. El acompañamiento escolar se centra en propiciar experiencias profundas que permitan a los estudiantes vivenciar imágenes que activen su alma y su corazón, y desde ahí construyan los nuevos conocimientos sobre el mundo en el que vivimos.
Primera clase
La primera clase marca la transición del jardín de infancia al colegio, donde comienza la enseñanza formal. Las fuerzas del niño ya están preparadas para un pensar más independiente, expresado en imágenes y representaciones. Se les conduce hacia la vivencia de las formas, la alfabetización y los símbolos numéricos, junto con las primeras operaciones de suma, resta, multiplicación y división. La reverencia por la naturaleza, el respeto por los demás y el interés por el mundo son valores esenciales a cultivar. Al mismo tiempo, se busca formar un grupo cohesionado, donde los niños aprendan a escucharse, cuidarse y apoyarse mutuamente.
Segunda clase
En este curso, el estado de ánimo de unidad que caracterizaba al primer ciclo comienza a transformarse: el niño empieza a reconocer los contrastes del mundo. Surge en él un profundo sentimiento de respeto y devoción, acompañado también de la curiosidad y la picardía propias de la edad. Acompañamos esta etapa con narraciones de fábulas (sin moraleja) y relatos sobre seres humanos venerables.
En matemáticas, se profundiza en el valor posicional de los números (unidad, decena y centena), dando paso a la verticalidad en las sumas y restas. En el ámbito del lenguaje, tras consolidar la lectoescritura con letra imprenta mayúscula, los niños avanzan hacia la minúscula.
Tercera clase
Hacia los nueve años, los niños atraviesan una transformación profunda en su percepción de sí mismos y del mundo. Comienzan a despertar preguntas, incertezas y temores naturales en su proceso de individuación. La narración del Antiguo Testamento acompaña simbólicamente este tránsito: los niños, como las primeras figuras humanas, dejan atrás el paraíso de la infancia para adentrarse en el quehacer del mundo. Actividades como la siembra del trigo, la construcción de una casita o el tejido de su propio chaleco les permiten vivir este proceso de enraizamiento y autonomía interior.
Cuarta clase
En este año, los niños descubren un cuarto reino: el humano. A través del estudio comparativo con el mundo animal, reconocen sus diferencias y similitudes, y comienzan a profundizar en sus propias cualidades. Nace en ellos un interés genuino por su entorno: la geografía local, su historia y su gente. Este impulso se complementa con relatos de civilizaciones antiguas y, en matemáticas, con la introducción de las fracciones.
Quinta clase
El recorrido de la humanidad los lleva ahora a sumergirse en la antigua Grecia. Este estudio les permite experimentar la armonía entre cuerpo, alma y espíritu, ideal que atraviesa este período. Recorren su geografía, conocen a sus héroes, recitan poemas antiguos, modelan vasijas en greda y cantan canciones inspiradas en esa cultura. El año culmina con las olimpiadas interescolares de los colegios Waldorf, una celebración del equilibrio, la belleza y el esfuerzo.
En manualidades, los niños tejen calcetines con cinco palillos, y en matemáticas trabajan la geometría a mano alzada, profundizando en las fracciones y el sistema métrico.
Sexta clase
En sexto, emerge con fuerza un “yo” que busca comprender el mundo real. Los niños desean descubrir las causas y efectos, experimentar las leyes de la naturaleza y entender los procesos del mundo físico. Se inicia así el estudio de la Física, junto al mundo mineral y los procesos geológicos que formaron la Tierra.
Después de años dibujando a mano alzada, este curso introduce herramientas de precisión (como la regla y el compás) para el estudio geométrico. También exploran el volumen en modelado y costura, creando objetos tridimensionales, y aprenden sobre luces y sombras en arte, trabajando con carboncillo y grafito. El marco histórico de esta etapa es la Roma antigua y el nacimiento de Jesucristo, símbolos de estructura, ley y transformación.
Séptima clase
Séptimo marca el nacimiento del intelecto. Los jóvenes comienzan a cuestionar la autoridad, a poner a prueba los límites y a desarrollar sus propios juicios, dando los primeros pasos hacia la objetividad y la reflexión individual.
El estudio del Renacimiento es central, pues refleja este despertar del pensamiento humano y la búsqueda de verdad y belleza. La época se integra transversalmente en las clases de historia, ciencias, matemáticas, geografía, literatura y arte.
Así como el artista renacentista aspiraba a expresar su individualidad, el científico desafiaba verdades establecidas y el reformador religioso buscaba una conexión directa con lo divino, el adolescente vive el impulso de encontrar su propio camino. El lenguaje y el teatro ofrecen un espacio privilegiado para explorar la profundidad del alma y la expresión genuina de la experiencia humana.
Octava clase
El y la joven de octavo están en un proceso de nacimiento, un proceso que lleva consigo todo el estruendo y la ansia que acompañan la llegada de un nuevo ser. Ese proceso coincide con el fin de la etapa escolar: la enseñanza básica. En lo académico, comienzan a ver reflejados sus resultados en notas y se acercan de manera más responsable a sus obligaciones; los paseos y campamentos son más largos y autónomos. Terminan el año con una obra de teatro importante en la que trabajan arduamente para presentar dos funciones. Es un año de fin de ciclo y de apertura para un nuevo comienzo.
Media

“El mundo es verdadero”
(14 a 21 años)
En el tercer septenio, es fundamental acompañar el proceso que están viviendo los jóvenes: el desarrollo del juicio. En primero medio, el juicio es algo que se practica, donde la observación y la descripción del mundo concreto son esenciales. En segundo medio, el alumno contrasta lo que pasa en lo práctico con lo teórico, dando un paso racional y desarrollando así el juicio teórico. En tercero medio, el alumno desarrolla el juicio anímico respondiendo la pregunta: ¿cómo me involucra a mí esto? En esta etapa se profundiza más en el movimiento interior del estudiante. Finalmente, en cuarto medio se desarrolla el juicio individual, acercándose a un gesto propio y respondiendo la pregunta: ¿qué traigo yo como único e irrepetible a este mundo?
Festividades y ritmos del año

A lo largo del año, la vida escolar se acompasa con las fiestas y celebraciones del ciclo natural, marcadas por las estaciones y los ritmos de la tierra. Estas celebraciones, vividas a través de canciones, música, teatro, danza, comida y colaboración comunitaria, unen a toda la comunidad escolar y ayudan a los niños a sentir el pulso vivo de la naturaleza.
Año a año, al volver a ellas, se profundiza una experiencia interior que acompaña y nutre el crecimiento de cada uno.













